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BRUMAS DE ESPERANZA – 1ª parte

abril 25, 2015
AGUSTIN

AGUSTIN

 

BRUMAS DE ESPERANZA (Ganador del Primer Premio en el Certamen literario de ámbito regional celebrado en el Ayuntamiento de Moya en el año 2015)

 

 

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Valverde

 

Primera parte:

El barrio de Tesine a esas horas y en pleno mes de mayo tenía la apariencia de un sueño plata y perezoso que nunca fuera a despertar. La bruma asentada frente a la ventana tenía en sí misma el misterio de la vida y el sin sentido de un día más.

María se frotó la cara para hacerla entrar en calor. A esas horas matinales la piel de su hermoso y joven cuerpo amanecía fría como la escarcha aunque el hielo del invierno ya se había retirado semanas atrás. Los huesos tampoco despertaban mejor, todavía estaban en febrero como si el tiempo no fuera con ellos.
Ya tenía la cafetera al fuego y Carlos, su marido, se ponía el remendado pantalón verde y las botas sucias y gastadas del trabajo como si nunca lo hubieran dejado en paro; como si ya la cuadrilla lo estuviera esperando en La Calle; como si no se hubiera pasado toda la noche sin poder dormir pensando qué hacer para arrastrar un día más sin vivir.
Vivir, para Carlos; para sus padres, tíos y vecinos; y por supuesto para María, era un concepto inseparable del trabajo. Trabajar era vivir y vivir era trabajar. Estar en paro era tener una grave enfermedad.  Desde pequeños María y Carlos no habían conocido otro quehacer. Es verdad que fueron a la escuela hasta los catorce ella y hasta los trece él. Pero aquella experiencia fue más bien un tiempo de juego y descanso de lo realmente importante.

Cuando el Colegio de Valverde abría las puertas por la mañana tanto Carlitos como la pequeña María ya llevaban horas levantados. Habían desayunado la leche fresca con gofio e higos pasados. Habían ido a los animales él y a limpiar la cuadra y repartir la leche ella. Después se habían lavado lo mejor posible en un baño que compartían las dos casas sin agua caliente y con tan sólo el váter y un viejo lavabo que por más que sus madres se empeñaban cada día en frotar y frotar no conseguían extraer las manchas amarillas que de viejo tenía incrustado en su superficie así como el tiempo también había arrugado la piel de sus madres que a fuerza de pasar tantos años trabajando en el campo con el sol de las montañas habían envejecido antes de tiempo.

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No eran hermanos pero como si lo fueran. La pequeña María desde la ventana de la cocina podía ver la luz encendida en la casa de Carlitos. Eran compañeros y anejos en las labores del campo junto con sus padres y tíos aunque quizás lo más importante para la pequeña María fue que Carlitos era el único niño en el Colegio que miraba por ella y no dudaba en liarse a tortas con dos niños de rabo blanco (de familias acomodadas) que aprovechaban la menor oportunidad para dejarle claro a la pequeña María que olía a mierda a de vaca y no merecía ir al mismo colegio que ellos.

En realidad era la mentalidad de ellos la que sobraba pero Franco todavía no había muerto y aún eso a fuerza de no poderse decir nadie lo escuchaba.

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One Comment
  1. Cecy permalink
    abril 28, 2015 17:01

    Por lo que he leido hasta ahora, muy bueno.
    Desde el otro lado del charco, Besitos Piratas
    Cecy

Los comentarios están cerrados.

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